Queerizar lo latino ¿Qué significa «latinx»?

Aldeide Delgado

«Latinx» (pronunciado la-tin-eks) define a los individuos de origen latinoamericano que han nacido, se han educado o nacionalizado en Estados Unidos y no se identifican con las asignaciones de género femenino y masculino, correspondientes a los sujetos, biológicamente clasificados, como hembras y varones. Según los datos de tendencias de Google, la «x» comenzó a emplearse para designar la diversidad de género, desde el año 2004, dentro de la comunidad LGBTQIA+ y el entorno académico. Sin embargo, su popularidad aumentó a partir del 2016.

«Latinx» actualiza las etiquetas «Hispano» y «Latino» surgidas, desde mediados del siglo XX, en la población de migrantes latinoamericanos en Estados Unidos. El término «Hispano» -menos popular- fue adoptado en los años setenta por las autoridades gubernamentales, para designar a las comunidades cuyo idioma y legado histórico estaba asociado a España. Mientras, «Latino» – de mayor aceptación- transcendió la barrera linguística al comprender, desde lo geográfico, a los grupos de habla hispana pero también, portuguesa y los dialectos indígenas. Más tarde, la utilización de los sufijos «@», «e» y «u» en «latin@», «latine» y «latinU» procuró la creación de un espacio inclusivo masculino y femenino.

Así como las categorías «Latino» e «Hispano», «Latinx» es un concepto socialmente construido producto de las condiciones de marginalización de la comunidad donde emerge. Esta noción global presupone el cuestionamiento de una «identidad latina» – no confundir con «latinoamericana» o «hispana»– homogénea. Queerizar «lo latino», es decir revelar el cruce de identidades producto de la experiencia migratoria, desnaturalizar el binarismo de sexo y género e intersectar otras variables, como la clase social, el color de la piel, la etnia, la sexualidad y la edad, en el entendimiento de la latinidad; constituye una labor teórica y un posicionamiento político.

En palabras de Salvador Vidal-Ortiz y Juliana Martínez en Latinx Thoughts: Latinidad with an X, la disonancia fonética y visual que produce la «x» en el término «Latinx» desestructura la normalización del género en el sistema lingüístico, ideológico y sociopolítico marcado por el androcentrismo y la hetero-normatividad. Pero también, evidencia la complicidad del lenguaje en el proceso de naturalización de los dispositivos usados para la distribución desigual de recursos, derechos y oportunidades en relación al género, la raza, la sexualidad, entre otros factores. Ahora bien, aun cuando «Latinx» se propone como una categoría cultural inclusiva, vale preguntarse hasta qué punto demuestra ser una terminología eficiente para combatir las jerarquías de opresión, por ejemplo, en conexión al racismo.

En el texto firmado por Janel Martínez, When it comes to Latinidad, who is included and who isn´t?, la autora plantea cómo aun nacido en los Estados Unidos o emigrado de América Latina y el Caribe, los latinx con mayores privilegios son aquellos hombres blancos, heterosexuales, cisgénero, ricos y sanos. Mientras más cerca estás de este ideal, mayores son las oportunidades de acceso. Por otro lado, existe el riesgo de reducir «Latinx» a aquellos que son sexualmente diversos o, dicho de otro modo, una tendencia a confundir orientación sexual con identidad de género al asumir que las personas queer o no binarias son necesariamente gays, lesbianas o bisexuales. [Vidal-Ortiz & Juliana Martínez, 2018]

Otro de los argumentos en contra del uso del término se enfoca en su carácter imperialista –colonial si se quiere- sobre el idioma español. Esta crítica que defiende la pureza del lenguaje y su estructura gramatical, parece desestimar que la implantación del castellano sobre las lenguas indígenas formó parte de la empresa modernidad/colonialidad en América. Aunque la discusión en torno a «Latinx» ha alcanzado protagonismo en el contexto estadounidense por razones políticas, culturales y económicas, Latinoamérica ha desarrollado sus propias estrategias para la creación de un lenguaje inclusivo como el uso de la «x» y la «e» en todxs (pronunciado to-deks) y todes por ejemplo. La aplicación de estas soluciones lingüísticas no constituye una degradación ni la muerte del sistema gramatical español; al contrario, es una muestra de su adaptabilidad y capacidad de transformación en respuesta a las circunstancias sociales que le dan origen.

Para otros como el activista Motecuzoma Sanchez, «Latinx» es un intento elitista de silenciar la historia de reivindicaciones políticas de los mexicoamericanos y puertorriqueños y una distracción para desviar la atención de otros problemas urgentes que enfrentan los latinos en los Estados Unidos. [Stephen Nuño-Pérez & Gwen Aviles, 2019].  En el escenario político actual, el uso de categorías como «latinx» pudiesen resultar sospechosas en términos de la guettización de una comunidad en aumento en el país y con ello limitar su acceso a las instituciones cuyo paradigma es blanco, heterosexual y masculino.

El fomento de una identidad fronteriza, diásporica, desidentificada con el país adoptado, pero también con su lugar de origen, ha dado lugar al «arte latinx». En el contexto artístico, «latinx» comprende un grupo heterogéneo de artistas cuya obra, marcada por la migración, el multilinguismo y la creolización, ilustra identidades mixtas de origen diverso. El estudio del «arte latinx», implica reconocer las contribuciones de estos artistas a la historia del arte estadounidense, a la vez que permite generar un espacio de discusión sobre las políticas de participación de las comunidades latinas en Estados Unidos.

«Latinx» es una nomenclatura flexible que no obliga a definirse como tal, sino abre otras posibilidades de acción y visibilidad para los sujetos fuera de la institución patriarcal. Uno de los desafíos para nuestra organización social se encuentra en la necesidad de usar estratégicamente las identidades, mientras cuestionamos y abogamos por la disolución geopolítica de las mismas. Tal vez deberíamos comenzar a pensarnos y activarnos en torno a objetivos e intereses políticos, ideológicos y culturales diversos y no tanto, alrededor de identidades específicas.

Queerizar lo latino ¿Qué significa «latinx»?

Aldeide Delgado

«Latinx» (pronunciado la-tin-eks) define a los individuos de origen latinoamericano que han nacido, se han educado o nacionalizado en Estados Unidos y no se identifican con las asignaciones de género femenino y masculino, correspondientes a los sujetos, biológicamente clasificados, como hembras y varones. Según los datos de tendencias de Google, la «x» comenzó a emplearse para designar la diversidad de género, desde el año 2004, dentro de la comunidad LGBTQIA+ y el entorno académico. Sin embargo, su popularidad aumentó a partir del 2016.

«Latinx» actualiza las etiquetas «Hispano» y «Latino» surgidas, desde mediados del siglo XX, en la población de migrantes latinoamericanos en Estados Unidos. El término «Hispano» -menos popular- fue adoptado en los años setenta por las autoridades gubernamentales, para designar a las comunidades cuyo idioma y legado histórico estaba asociado a España. Mientras, «Latino» – de mayor aceptación- transcendió la barrera linguística al comprender, desde lo geográfico, a los grupos de habla hispana pero también, portuguesa y los dialectos indígenas. Más tarde, la utilización de los sufijos «@», «e» y «u» en «latin@», «latine» y «latinU» procuró la creación de un espacio inclusivo masculino y femenino.

Así como las categorías «Latino» e «Hispano», «Latinx» es un concepto socialmente construido producto de las condiciones de marginalización de la comunidad donde emerge. Esta noción global presupone el cuestionamiento de una «identidad latina» – no confundir con «latinoamericana» o «hispana»– homogénea. Queerizar «lo latino», es decir revelar el cruce de identidades producto de la experiencia migratoria, desnaturalizar el binarismo de sexo y género e intersectar otras variables, como la clase social, el color de la piel, la etnia, la sexualidad y la edad, en el entendimiento de la latinidad; constituye una labor teórica y un posicionamiento político.

En palabras de Salvador Vidal-Ortiz y Juliana Martínez en Latinx Thoughts: Latinidad with an X, la disonancia fonética y visual que produce la «x» en el término «Latinx» desestructura la normalización del género en el sistema lingüístico, ideológico y sociopolítico marcado por el androcentrismo y la hetero-normatividad. Pero también, evidencia la complicidad del lenguaje en el proceso de naturalización de los dispositivos usados para la distribución desigual de recursos, derechos y oportunidades en relación al género, la raza, la sexualidad, entre otros factores. Ahora bien, aun cuando «Latinx» se propone como una categoría cultural inclusiva, vale preguntarse hasta qué punto demuestra ser una terminología eficiente para combatir las jerarquías de opresión, por ejemplo, en conexión al racismo.

En el texto firmado por Janel Martínez, When it comes to Latinidad, who is included and who isn´t?, la autora plantea cómo aun nacido en los Estados Unidos o emigrado de América Latina y el Caribe, los latinx con mayores privilegios son aquellos hombres blancos, heterosexuales, cisgénero, ricos y sanos. Mientras más cerca estás de este ideal, mayores son las oportunidades de acceso. Por otro lado, existe el riesgo de reducir «Latinx» a aquellos que son sexualmente diversos o, dicho de otro modo, una tendencia a confundir orientación sexual con identidad de género al asumir que las personas queer o no binarias son necesariamente gays, lesbianas o bisexuales. [Vidal-Ortiz & Juliana Martínez, 2018]

Otro de los argumentos en contra del uso del término se enfoca en su carácter imperialista –colonial si se quiere- sobre el idioma español. Esta crítica que defiende la pureza del lenguaje y su estructura gramatical, parece desestimar que la implantación del castellano sobre las lenguas indígenas formó parte de la empresa modernidad/colonialidad en América. Aunque la discusión en torno a «Latinx» ha alcanzado protagonismo en el contexto estadounidense por razones políticas, culturales y económicas, Latinoamérica ha desarrollado sus propias estrategias para la creación de un lenguaje inclusivo como el uso de la «x» y la «e» en todxs (pronunciado to-deks) y todes por ejemplo. La aplicación de estas soluciones lingüísticas no constituye una degradación ni la muerte del sistema gramatical español; al contrario, es una muestra de su adaptabilidad y capacidad de transformación en respuesta a las circunstancias sociales que le dan origen.

Para otros como el activista Motecuzoma Sanchez, «Latinx» es un intento elitista de silenciar la historia de reivindicaciones políticas de los mexicoamericanos y puertorriqueños y una distracción para desviar la atención de otros problemas urgentes que enfrentan los latinos en los Estados Unidos. [Stephen Nuño-Pérez & Gwen Aviles, 2019].  En el escenario político actual, el uso de categorías como «latinx» pudiesen resultar sospechosas en términos de la guettización de una comunidad en aumento en el país y con ello limitar su acceso a las instituciones cuyo paradigma es blanco, heterosexual y masculino.

El fomento de una identidad fronteriza, diásporica, desidentificada con el país adoptado, pero también con su lugar de origen, ha dado lugar al «arte latinx». En el contexto artístico, «latinx» comprende un grupo heterogéneo de artistas cuya obra, marcada por la migración, el multilinguismo y la creolización, ilustra identidades mixtas de origen diverso. El estudio del «arte latinx», implica reconocer las contribuciones de estos artistas a la historia del arte estadounidense, a la vez que permite generar un espacio de discusión sobre las políticas de participación de las comunidades latinas en Estados Unidos.

«Latinx» es una nomenclatura flexible que no obliga a definirse como tal, sino abre otras posibilidades de acción y visibilidad para los sujetos fuera de la institución patriarcal. Uno de los desafíos para nuestra organización social se encuentra en la necesidad de usar estratégicamente las identidades, mientras cuestionamos y abogamos por la disolución geopolítica de las mismas. Tal vez deberíamos comenzar a pensarnos y activarnos en torno a objetivos e intereses políticos, ideológicos y culturales diversos y no tanto, alrededor de identidades específicas.