A contrapelo: la marginalidad y su inclusión en la fotografía latinoamericana contemporánea

Aldeide Delgado

Jamás se da un documento de cultura sin que lo sea a la vez de la barbarie.
De igual forma que él mismo no está libre de barbarie, tampoco lo está el proceso
de transmisión en el que pasa de uno a otro. Por eso el materialista histórico
se distancia de él en la medida de lo posible. Considera cometido suyo
pasarle a la historia el cepillo a contrapelo.
Walter Benjamín

I

En los últimos años se puede percibir en el campo de lo artístico un fenómeno que aunque evidente, no ha contado con el favor de los críticos; se refiere a lo marginal y su inclusión en las prácticas artísticas contemporáneas. La cinematografía latinoamericana constituye una de las expresiones artísticas que ha abordado esta problemática con mayor fuerza. Ello es evidente en clásicos del cine latinoamericano como el filme venezolano El pez que fuma (Román Chalbaud, 1977) o el largometraje colombiano Rodrigo D. No Futuro (Víctor Gaviria, 1990).

Las artes plásticas, la literatura y particularmente, la fotografía también evidencian un acercamiento a las problemáticas del sujeto marginal en la sociedad contemporánea. La visualización de la marginalidad en el arte de los últimos tiempos se debe, fundamentalmente, al ejercicio crítico que frente a los postulados de la modernidad y el proyecto ilustrado han llevado a cabo los estudios postmodernos, postcoloniales y feministas. Las tres corrientes teóricas reinterpretan la historia a partir del desdibujamiento de las categorías homogeneizantes y de darle voz a los sujetos silenciados e híbridos.

A pesar de que la marginalidad se reconozca dentro de las producciones simbólicas contemporáneas no cuenta como ya se señalaba anteriormente, con una fortuna crítica sistematizada. Es por ello que este trabajo se propone acercarnos al tema de lo marginal y su inclusión en la fotografía contemporánea latinoamericana. El marco temporal abarca desde la década del noventa hasta el presente.

Huelga señalar que la inclusión de lo marginal en la fotografía no es un fenómeno exclusivo de la contemporaneidad. Desde su surgimiento, esta manifestación se ha interesado en aquellos sectores de la población más desfavorecidos. Marginalidad encontramos tanto en las imágenes de corte antropológico que realizaban los científicos foráneos de la centuria decimonónica como en las representaciones de los fotógrafos latinoamericanos[1] de los primeros años del siglo XX. Lejos de pretender realizar una investigación exhaustiva con respecto a la existencia de esta problemática –la marginalidad- en la tradición fotográfica del continente; nuestros esfuerzos se centran en el análisis de este fenómeno como resultado de todo un pensamiento teórico y del reconocimiento que en la esfera artística internacional adquiere la fotografía latinoamericana contemporánea. La misma ha logrado generar una nueva estética que bien podríamos calificar de latinoamericana. Se nutre de las ventajas de la tecnología, de los medios digitales, de las influencias del conceptualismo y de las prácticas postmodernas en general, no obstante mantiene un vínculo con su realidad circundante a partir de una multiplicidad de lenguajes que le dan el mérito de ser consideradas verdaderas obras de arte.

La fotografía expande las posibilidades del arte hacia nuevos territorios y vuelve más densa y refinada su capacidad significante. Estos artistas están potenciando el instrumental analítico y lingüístico del conceptualismo para bregar con el alto grado de complejidad de la sociedad y la cultura de América Latina, donde la multiplicidad, la hibridación y los contrastes han introducido contradicciones al mismo tiempo que sutilezas. Todo este carácter de ser legible en términos “internacionales” y a la vez diferentes, vuelve hoy internacionalmente atractivo al arte latinoamericano, pero conlleva el riesgo de llegar a convertirlo en la perfecta alteridad para la mainstream[2].

Para la realización de este trabajo hubo que segmentar la bibliografía ya que no hallamos textos que abordasen específicamente el objeto de estudio. Consecuentemente, se consultaron discursos acerca de la marginalidad y su diagnóstico en Latinoamérica, de la fotografía latinoamericana y de la subalternidad y su representación visual. Dentro del cúmulo de informaciones registradas fueron de gran utilidad el texto Los marginales de las Alturas del Mirador; Un estudio de caso del autor Pablo Rodríguez Ruiz. El libro editado en el año 2011, presenta una introducción teórica acerca de la marginalidad y su conceptualización. Si bien se circunscribe al ámbito cubano, la plataforma teórica es fácilmente aplicable a otros contextos. La principal limitación de los textos que abordan la problemática en América Latina reside en que estos se centran en la marginalidad de tipo económico; por lo que desestiman la gran variedad de matices que esta adopta en la región. El texto anteriormente citado se complementa con el trabajo de diploma La marginalidad como problemática social abordada en la obra reciente de artistas plásticos: Juan Roberto Diago, Ángel Delgado y Henry Eric Hernández, de la autora Ana Luisa Castillo Vicente. Esta obra realizada en el año 2003 proporciona un acercamiento a la marginalidad y su inclusión en las artes plásticas cubanas a partir de la obra de tres artistas. El primer capítulo de la tesis es fundamental ya que deconstruye cada una de las formas de expresión de lo marginal y su visualización en el campo de lo artístico.

Debido a que la marginalidad como concepto es muy abarcador es necesario delimitar el objeto de estudio. Por tales motivos nuestro trabajo centra la atención en tres sujetos marginalizados: el negro, la mujer y el homosexual. Al contrario de la escasez teórica acerca de la representación de estos sujetos subalternos en las prácticas artísticas contemporáneas latinoamericanas, en nuestro país existe un material suficiente al respecto. Quizás, los estudios acerca de la homosexualidad y su representación en el arte no sean tan abundantes, no obstante el reciente trabajo de diploma de Ariana Landaburo Díaz, El travestismo en la fotografía cubana contemporánea (1993-2010), resulta una importante base a partir de la que podemos expandir el estudio al área latinoamericana así como establecer comparaciones. También destaca su capítulo introductorio donde evidencia la marginación a la que se ha sometido el homosexual.

Huelga señalar que este trabajo constituye el primer acercamiento a un tema cuyas dimensiones exigen ir delimitándolo paulatinamente. Por tales motivos, constituye para el lector un mapa que dejará plasmado los principales caminos por los cuales debemos transitar en un esfuerzo por historiar esa otra parte que también nos conforma y nos integra, la región latinoamericana.

Se debe destacar el trabajo de maestría Fotografía latinoamericana contemporánea (2000-2012). En él se muestran las principales tendencias de la fotografía de los últimos tiempos así como los principales artistas.

La inclusión de lo marginal en la cultura desde un punto de vista visual, no significa que se deje de reconocer como problema social; al contrario, su introducción en el campo artístico permite reflexionar desde otros niveles sobre esta problemática. Es necesario aclarar que en este texto se utilizan términos como marginales, subalterno, alteridad, el otro, etc. no como una reafirmación de una identidad primaria y céntrica, que por demás no aceptamos. El uso de estos términos es simplemente operativo, para facilitar el análisis de una realidad que luchamos porque sea cada día más diversa.

II

  1. Desafío a la exclusión. Un acercamiento a la marginalidad en América Latina.

La marginalidad es un concepto que aglutina aquellas relaciones de discriminación que parten de un centro/paradigma hacia una periferia. Por medio de la cual un grupo de individuos se coloca o es colocado al margen de determinados sistemas de valores materiales o espirituales que se hacen hegemónicos dentro de un contexto social concreto. [3]Consecuentemente, existirá marginalidad económica, espacial, racial, política, cultural, de género, etc. América Latina históricamente ha sufrido un proceso de marginación si se toma a Europa o Estados Unidos como punto de referencia. Analizar el origen del  proceso en la región, nos traslada al año 1492, fecha que para algunos teóricos como Enrique Dussel, constituye el inicio de la Modernidad.

La Modernidad creó estereotipos y esquemas: América Latina era un continente por civilizar ya que era a su vez un continente plagado de sujetos marginales del esquema occidental de desarrollo.[4]     Esta noción planteó expresamente la existencia de dos mundos, uno civilizado y otro marginal, imposibilitado de superar dicha condición debido a su estado de dependencia hacia el centro. El pensamiento históricamente se ha construido sobre oposiciones duales jerarquizadas. Superior/Inferior, Hombre/Mujer, Blanco/Negro, Razón/Sentimiento, Logos/Pathos, Activo/Pasivo, Cultura/Naturaleza…todo se instituye bajo dicotomías que establecen relaciones de violencia, represión, conflicto y en la que una de las partes se asume como el símbolo del poder mientras que la otra queda excluida, marginalizada.

La marginalidad en Latinoamérica se expresa como reflejo de un pasado colonizador, en cuanto signa el nivel de discriminación al que son sometidos los latinos en cualquier parte del mundo. Esta discriminación responde, como ya se ha inducido, a un proceso de dominación que trajo consigo una serie de condicionamientos de carácter político, económico y social, que se manifestaron en los diferentes ámbitos de la vida de las colonias. Las divergencias en cuanto a temporalidad en el momento del contacto entre las dos culturas –la europea y la americana- establecieron una perspectiva eurocéntrica en donde América comenzaría a ser considerada como lo subalterno, como la periferia cultural. Los preceptos de progreso y civilización, entendidos como cultura pasarían a ser el patrón impuesto por la metrópoli y conllevarían a una colonialidad cultural que domina el pensamiento occidental hasta nuestros días. Fuimos los países de Latinoamérica los que edificamos el desarrollo de las grandes potencias. Durante siglos nuestro papel fue el de proveer de materias primas a las naciones extranjeras, mientras que nuestras economías se empobrecían cada vez más.

Pero no solo nuestra marginalidad se percibe del modo antes expuesto sino también al interior de nuestras ciudades. En la época contemporánea, la expansión del capitalismo y los procesos de globalización han generado numerosos conflictos sociales. Nos compete acercarnos al nivel de exclusión social en que se desenvuelven millones de latinos como consecuencia del valor excluyente que asumen las políticas nacionales en su afán por legitimar los intereses de los grupos hegemónicos, detentadores del poder, y por anular los de los grupos excluidos, eufemísticamente llamados subalternos.[5]

Las nociones de desarrollo y progreso que se le adjudican a las ciudades traen como consecuencia un éxodo rural que pone en tensión las relaciones campo-ciudad, asimismo, se llevan a cabo difíciles empresas migratorias hacia las “deseadas” metrópolis, en busca del cambio social. Este proceso genera a escala urbana otras dificultades, debido a que los nuevos moradores se asientan y desarrollan en la periferia del centro urbano. Desde este punto de vista el paisaje se transforma considerablemente y deviene escenario de las contradicciones sociales contemporáneas. Visualmente se aprecia la división de la ciudad y de sus sujetos actuantes desde un punto de vista económico y según su origen sociocultural.

La población más desfavorecida se ubica en barrios bien delimitados con condiciones de vida precarias, que cada día se acrecientan más. En este contexto surgen otras problemáticas como la criminalidad y la violencia. Ello supone una doble marginación hacia estos sectores: primeramente, por su condición social, esta se convierte –la criminalidad- en su única vía para existir y tomar un lugar en la sociedad que no le reconoce y segundo, las diferentes instituciones e incluso el ciudadano común, siempre verá esta persona como un criminal en potencia.

Analizar la marginalidad es una tarea muy compleja debido a que atraviesa casi todos los aspectos de la actividad humana. Ello se explica porque es un término muy variable que aún no tiene definido sus límites. El designar un sujeto como marginal depende del punto de vista que se utilice. Se parte de un nosotros (identidad colectiva) que califica a su contrario: el otro. El nosotros es una representación del poder que designa quienes son los otros y prejuicia sus prácticas culturales.

La bibliografía que se refiere a la marginalidad en Latinoamérica solo aborda el tema desde una perspectiva económica. Por ejemplo Darcy Ribeiro en el texto El dilema de América Latina; estructuras del poder y fuerzas insurgentes, propone como marginalidad aquellas partes a veces mayoritarias de la población que tienen formas precarias e inestables de ocupación y viven en condiciones subhumanas de pobreza e ignorancia y de exclusión respecto a las instituciones nacionales.[6]Considera como sujetos marginales a los trabajadores estacionales, los jornaleros, los sirvientes domésticos, las prostitutas y los mendigos. Esta visión, podríamos considerarla limitada en comparación con aquella que nos  brinda Ana Luisa Castillo en su trabajo de diploma. Marginales son también los grupos sociales que se oponen a los códigos socialmente establecidos: experiencias como el feminismo, las minorías étnicas, los gays, etc.

Otro elemento muy interesante que debemos señalar es el concepto de marginación, que no es más que el acto de desplazar o excluir a una persona o conjunto de una actividad social. Los sujetos padecen de una descalificación para participar en la toma de decisiones en la sociedad, incluso en las que influyen directamente en sus vidas. Se les imposibilita el cumplir con sus derechos ciudadanos debido a cuestiones de raza, religión, sexo, orientación sexual, vinculación política, etc.

Huelga destacar que marginalidad no es sinónimo de pobreza. La marginalidad es una construcción cultural relacionada con la manera en que los sujetos interactúan en la sociedad, en su realidad.

La marginalidad es una condición que se le atribuye a los individuos y grupos de población cuyas prácticas y representaciones por razones de desventaja histórica, económica y social son consideradas inferiores, resistentes y en ocasiones, no afines a los discursos establecidos desde la cultura dominante…los individuos son discriminados a partir de los estereotipos y prejuicios construidos alrededor de su identidad.[7]

  1. Se derrumba el sueño. La marginalidad y su visualización en el arte.

Todos los que han despertado recuerdan haber dormido, haber sido dormidos.

Héléne Cixous

La marginalidad se puede evidenciar en el arte a partir de tres elementos fundamentalmente:

  • Desde el propio concepto de arte
  • Noción de artista marginal
  • Inclusión de sujetos u objetos marginales

El propio concepto de arte es una noción discriminatoria. Ello se debe a que el Arte cuenta con una serie de mecanismos que constantemente dictan la norma acerca de lo que es y lo que no es arte. Entre estos mecanismos se encuentran las instituciones, las academias, las prácticas de censura, etc.

De esta manera, manifestaciones de la cultura popular como son los tatuajes, las artesanías y el graffiti quedan relegadas del gran círculo artístico. Los tatuajes son considerados como símbolos de barbarie mientras que el graffiti continúa siendo asociado con actos de vandalismo.

El arte constantemente se apropia de elementos extraartísticos, marginales desde su centro, lo que no significa que dichos elementos pierdan su carácter lateral. Desde este punto de vista un ejemplo de apropiación por parte del Arte como estrategia de supervivencia lo constituye la obra de Basquiat.

El segundo enunciado se refiere a la existencia de artistas que pueden ser considerados marginales tanto por la vida que llevan a cabo como por el tipo de obra que desarrollan.

Finalmente, la inclusión de sujetos marginales es el aspecto en el cual se centra este trabajo. La presentación por parte de los artistas de temáticas o sujetos estigmatizados moral y culturalmente constituye un fuerte acto de transgresión de la norma, de reclamo, que evidentemente puede alcanzar dimensiones políticas. Además, posibilita  ampliar los niveles de representaciones simbólicas así como eliminar fronteras para el campo de lo artístico al expandir sus límites conceptuales. Incluir estos sujetos en una obra no significa solamente que el artista se adentra en los espacios sociales, sino que también constituye una actitud de subversión y de rebeldía que puede estar en contra de la sacralidad de lo artístico.

Este proceso no puede verse alejado del trabajo crítico que paralelo a toda esta implosión de lo marginal en el arte vienen llevando a cabo los estudios postcoloniales, feministas y postmodernos.

La época postmoderna se caracteriza por la aparición en la plataforma contemporánea de nuevas voces culturales. Ese sujeto autocentrado, blanco, heterosexual, que caracterizaba la etapa moderna, es sustituido aquí por otros sujetos multiculturales que otrora se encontraban marginados por su etnicidad, características geográficas, orientación sexual, etc.

Las ideas que se propugnaban con el proyecto de la Ilustración se pusieron en tela de juicio con el advenimiento de la postmodernidad. Las nociones del hombre racional como sujeto de la historia, el carácter progresista de la misma, la importancia del conocimiento para lograr la emancipación, fueron puestas en crisis ante una humanidad que se mostraba destruida  luego del paso por dos guerras mundiales.

Las emociones, la magia, el discurso de los otros, entre otros elementos son visibilizados en la nueva sociedad. Huelga señalar que nos corresponde a nosotros los latinoamericanos reconocer hasta qué punto podemos hablar ciertamente de un discurso descentralizador con respecto a América Latina o si la postmodernidad no es más que otra máscara que nos han obligado a ponernos.

Sea de un modo o de otro, lo importante es el ambiente que se crea y la impronta que tienen estas teorías en nuestros artistas. Ellos miran a su realidad no como los antropólogos foráneos que buscaban construir la imagen del “buen salvaje americano” sino que se apropian de los elementos circundantes en un intento de polemizar con su propia realidad y de poner a reflexionar al espectador acerca de la misma. En las obras se percibe cierta actitud acusadora, pero sin llegar a convertirse en una campaña política; no se denigra al sujeto representado, sino que la marginalidad se convierte en una fuente de hallazgos, de metáforas y metonimias, donde lo excluido genera valor.

Por su parte los estudios subalternos, surgidos en la India a principios de los años ochenta, se proponen revisar la historiografía bajo la máxima de que está basada fundamentalmente en los logros de las grandes figuras de las potencias, lo que provocó el silenciamiento de otros espacios. Para los teóricos postcoloniales, la identidad es una construcción que en el caso de los países marcados por la colonialidad, se edifica sobre relaciones de negación y reconocimiento entre el colonizador y el colonizado.[8]

La idea de raza fue un modo de otorgar legitimidad a las relaciones de dominación impuestas por la conquista. La constitución de Europa como centro emisor de desarrollo y civilización  y la expansión del colonialismo europeo sobre el resto del mundo, llevó a la elaboración de la perspectiva eurocéntrica de conocimiento y con ella a la elaboración teórica de la idea de raza como naturalización de esas relaciones coloniales de dominación entre europeos y no-europeos. Históricamente, eso significó una nueva manera de legitimar las ya antiguas ideas y prácticas de relaciones de superioridad/inferioridad entre dominados y dominantes. Los pueblos conquistados y dominados fueron situados en una posición natural de inferioridad y, en consecuencia, también sus rasgos fenotípicos, así como sus descubrimientos mentales y culturales. De ese modo, raza se convirtió en el primer criterio fundamental para la distribución de la población mundial en los rangos, lugares y roles en la estructura de poder de la nueva sociedad.

El proceso de mutilación y de ocultamientos al que se vio sometida la cultura de los países colonizados constituye el factor contra el que se manifiestan los estudios postcoloniales en un afán de dar voz a aquellas secciones marginadas por la empresa de la conquista y la colonización.  El objetivo principal fue y sigue siendo producir análisis históricos en los cuales los grupos subalternos [sean] vistos como sujetos de la historia.[9]

La frase enunciada con anterioridad no se contrapone a los postulados de las teorías feministas. Las mismas, como también lo hacen el pensamiento postmoderno y postcolonial reflexionan acerca del establecimiento de jerarquías (de género, raza, etnia, etc.) durante la etapa moderna y cómo estas conllevan a la invisibilización de algunos sujetos a la vez que beneficia a otros.

Al contrario de lo que pudiera pensarse, el feminismo no propugna una lucha de las mujeres contra los hombres, sino la igualdad de condiciones entre ambos sexos. Asimismo, aboga por el reconocimiento de otros sujetos como el homosexual y las minorías étnicas.

Históricamente lo femenino ha sido asociado con lo privado, lo inferior, lo sentimental, la naturaleza, lo incivilizado, el otro, lo subjetivo…producto de la existencia de esos pares dicotómicos a los que hacíamos referencia en el inicio de este trabajo.

La marginación de la mujer no es un asunto exclusivo de América Latina sino que trasciende las barreras territoriales. No obstante, debemos reconocer que nuestra región está signada por un pensamiento androcéntrico, donde paulatinamente, son más las mujeres que exigen su derecho a ser sujetos y no objetos.

Grosso modo hemos señalado tres corrientes teóricas que se fundamentan en una crítica al paradigma de la modernidad con el propósito de proclamar la agencia de sujetos subalternos en nuestra vida social. Dentro de este panorama teórico, el arte funge un rol fundamental al recolocar al sujeto en la sociedad a partir de análisis introspectivos y redefiniciones en el marco de las relaciones sociales.  La fotografía no escapa a este fenómeno, manifiesta una pluralidad discursiva y una heterodoxia formal. Se aprovecha de los avances de la tecnología y los pone en práctica para la elaboración de imágenes; que se centran en la figura humana y su praxis vital.

La fotografía latinoamericana contemporánea asume la marginalidad y la heterogeneidad como una característica común que nos constituye. A partir de su plasmación revela contradicciones existentes en la sociedad a la vez que repiensa las problemáticas y paradigmas del ser latinoamericano en esa profunda necesidad de reconocernos nosotros mismos. Impone en los circuitos del arte una realidad de la que generalmente el público asiduo a la galería, está al margen. De esta manera, se accede a lo real a partir de la imagen, lo que coloca a la manifestación dentro de las principales tendencias que apropiándose de las dinámicas postmodernas, logra manifestar de manera crítica las estructuras ocultas de lo real.

Varios son los artistas latinoamericanos que abordan desde propuestas muy interesantes el tema de la marginalidad. Entre ellos destacan el brasileño Claudio Edinger y su serie Locura, el chileno Alejandro Olivares y la serie Living Periferia donde expone el ambiente de violencia y criminalidad del contexto. Asimismo, sobresale en Colombia, Carlos Duque con la serie Shopping Planet.

Como se ha señalado, son numerosos los fotógrafos de América Latina que recurren a lo marginal como expresión de una época de contradicciones entre el ser humano y su contexto. En este trabajo nos centraremos en tres figuras fundamentalmente. Huelga señalar que los artistas pueden desarrollar otras temáticas, por ello nos adscribimos a la serie más representativa de su producción con respecto al objeto de estudio.

Patricia Aridjis. (México)

Serie Las horas negras

Las horas negras constituyen un ensayo fotográfico realizado en el año 2002. Por medio de la fotografía la autora se adentra en un reclusorio femenino de la ciudad de México. Su intención es demostrar el complejo mundo de la mujer mexicana, un mundo al que pocos quieren mirar.

Considero que el fotógrafo es testigo de su tiempo. Vivimos en un país lleno de carencias e injusticias y creo que no debemos pasar por alto esto. Es común que nos acostumbremos a presenciar escenas duras, a verlas como algo “normal”… pero el fotógrafo tiene que decirlo una y otra vez con sus imágenes, como un grito que haga voltear, aunque sea a algunos cuantos. De modo que quien hace fotografía tiene un gran compromiso social. Pero curiosamente al contar las historias de otros también cuentas la tuya propia pues la manera de interpretar la realidad tiene mucho que ver con lo que traes dentro. Lo que te inquieta y te conturba.[10]

La cárcel es el resultado de lo que sucede afuera de la misma. En México, las mujeres sufren la prisión de sus familias y de la sociedad. Ser pobre y mujer constituye una doble marginalidad, a lo que se suma el hecho de estar en la cárcel. Asimismo, los jueces son más rudos con el sexo femenino: Lupita Ramírez estuvo presa ocho meses por haber robado cuatro desodorantes, tres corta-vidrios y tres paquetes de plumones. Las prisiones están pobladas de personas con graves problemas económicos, lo que dificulta el pago de una fianza o de un buen abogado. La lavandería de la prisión constituye una de las ofertas de empleo para estas mujeres rechazadas por la sociedad. Constituyen el sector más vulnerable, aquel que ya ha sido despojado prácticamente de sus garantías constitucionales y sus derechos humanos.

Las fotos muestran las tristes historias de cada una de estas mujeres. La maternidad, el lesbianismo, la drogadicción, el suicidio, la religión, la soledad constituyen las respuestas que cada una asume para enfrentar el encierro. Las fotografías constituyen un medio para dar a conocer y darle voz a los sentimientos de las féminas.

Juan Pablo Echeverri (Colombia)

Serie El ojo de loca no se equivoca

Las fotografías para el autor constituyen un instrumento capaz de subvertir y cuestionar los códigos establecidos social y culturalmente acerca de la sexualidad y los roles de género.  Tomándose como motivo de representación a sí mismo, el autor por medio del atuendo, su rostro y otros elementos de la cotidianidad, interpreta diversas personalidades.

Su obra problematiza acerca de ser hombre, macho, varón y el ser homosexual; por lo que constituye un canto a la diversidad. La ironía, el humor y la frescura tipifican su producción y hacen de esta un producto sumamente atractivo. Lo marginal, en este caso el homosexual se revela como una verdad oculta detrás de la máscara del luchador, el militar, el religioso, etc. Las fotografías representan una burla hacia los estereotipos que signan la sociedad latinoamericana.

Julio Bittencourt (Brasil)

Serie Ramos

La serie Ramos rompe radicalmente con las concepciones que con respecto a las playas brasileñas nos llegan desde los predios turísticos. La zona representada es una playa artificial ubicada en la zona norte de Río de Janeiro. Es una piscina construida para que la población local pueda disfrutar el mar.

Alrededor del lago, se ubican quince favelas en las que la violencia forma parte de la cotidianidad de los moradores. Sin embargo, el área de la playa es disfrutada por todos y representa el único espacio neutral donde los conflictos no tienen lugar. En este caso el autor representa las comunidades marginadas como punto de reflexión acerca del mismo concepto –la marginalidad- y las relaciones con el entorno. En las imágenes, los sujetos, generalmente de raza negra –sujeto marginal por excelencia- constituyen los focos de atención. Sus actitudes, gestos y formas de comportamiento reflejan las características sociales/culturales del ambiente que les rodea. La desigualdad social se convierte en uno de los temas que se inducen de la producción fotográfica.

La inclusión de sujetos marginales en la fotografía permite la reflexión en torno a problemáticas que definen a la sociedad latinoamericana contemporánea. Desde este punto de vista, podemos aseverar que las imágenes tienen un alto ingrediente político y constituyen un gesto denunciador de nuestra realidad, la que asumimos conscientemente.

III

En el marco de los estudios postmodernos, feministas y postcoloniales podemos apreciar el interés que ha despertado en los fotógrafos latinoamericanos contemporáneos la inserción de sujetos marginales en sus obras.

Para el arte, la representación de estos sujetos tiene un carácter terapéutico, en cuanto permite ampliar sus fronteras y diversificar temáticas. El artista toma posición con respecto a su realidad, se coloca en el contexto y por medio de la inclusión de los sujetos subalternos logra transgredir la norma, desacralizar el espacio artístico y crear una obra con una gran carga política.

En la época postmoderna signada por el consumo de imágenes y la existencia de un sujeto hedonista, la fotografía se inserta como un medio que nos permite reflexionar desde el ámbito galerístico acerca de nuestras problemáticas sociales.

El arte adquiere una fuerte carga subversiva y revolucionaria al dar voz en sus imágenes a sectores sociales que históricamente han sido marginalizados.

IV

Este trabajo constituye el primer acercamiento a un tema que en el ámbito artístico latinoamericano no está estudiado. En el mismo se ha intentado conformar desde el punto de vista teórico una plataforma que permita enfrentarnos a las obras fotográficas, las que representan un número significativo.

Sería muy interesante analizar la visión de cada uno de estos sujetos –la mujer, el negro y el homosexual- en la fotografía latinoamericana, procurando analizar sus antecedentes para culminar en la contemporaneidad.

 

[1]Algunos de los fotógrafos que representaron tipos sociales “débiles” fueron Melitón Rodríguez o Martín Chambí. Vid. Fotografía Iberoamericana desde 1860 hasta nuestros días. Museo Español de   Arte Contemporáneo. Madrid. 1981.

[2]Valderrama López,  Liset  et alt. Fotografía latinoamericana contemporánea (2000-2012).  (Documento inédito)

[3]Pablo Rodríguez Ruiz. Los marginales de las Alturas del Mirador; Un estudio de caso. La Habana, Fundación Fernando Ortiz, 2011, p. 31.

[4]Ibídem. p.29.

[5]Pablo Rodríguez Ruiz. Op cit.  p. 7.

[6]Darcy Ribeiro. El dilema de América Latina; estructuras del poder y fuerzas insurgentes. México, Siglo XXl Editores S.A,1971.

[7]Ana Luisa Castillo Vicente. La marginalidad como problemática social abordada en la obra reciente de artistas plásticos: Juan Roberto Diago, Ángel Delgado y Henry Eric Hernández. Trabajo de Diploma. Tutor: Lázara Menéndez. Universidad de La Habana, Facultad de Artes y Letras, 2003.

[8]La idea de raza como elemento discriminador en cuanto a color de piel es un concepto que surge a partir del proceso de conquista y colonización. Además, devino criterio para la clasificación universal de la población así como mecanismo de dominación del europeo frente a las culturas subyugadas.

[9] Catalina Arreaza y ArleneTickner. Postmodernismo, postcolonialismo y feminismo: manual para (in)expertos. http://colombiainternacional.uniandes.edu.co Consultado el 7 de marzo de 2014. Hora: 3:05 pm.

[10] Patricia Aridjis. http://www revistanuestramirada.org. Consultado el 4 de enero de 2014. Hora 4:15 pm.